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Los Nuñez

QUINTA DE LOS NUÑEZ

 

Se puede llegar tomando la 612, antes conocida como la “O”, esa micro con la que se suelen marear los que no son de Valparaíso con tanta vuelta que se da, o tomando la “D” que no me acuerdo qué número le pusieron. Lo importante es llegar a la Avenida Alemania, cerca de la Plaza Bismarck, y dar con el Pasaje Camila, bajar un poco y meterse a un pasaje más chico a mano derecha, avanzar y uno solo se empieza a dar cuenta que se está llegando a La Quinta de Los Núñez.

 

quintaEs un lugar distinto y se nota de entrada. Uno baja por un angosto paso de tierra, que no es algo de otro mundo para uno que nació en Valpo, pero la falta de sorpresa se termina luego. El lugar es, por decirlo de una forma, el patio de la casa, con piso de tierra, varias mesas, cada una con su mantel y su alcuza, sillas a mal traer, o las que sobraron de alguna escuela o  sede, un escenario al fondo de la “quinta” bien adornada con botellones, un camión de bomberos de juguete, algunas luces, banderines, tejado de lata, un tablero de dardos usado y en malas condiciones, etc. Todo forma parte del local, que en su descuido cuidado tiene su toque especial y no lo buscan cambiar. Funciona.

 

Funciona también porque la comida es sabrosa, la especialidad es el costillar hecho en horno de barro. Sin ser experto y en palabras simples. Es muy rico. Acompañado por la efectiva simpleza de las papas mayo, arroz y tomate, se arma el plato que vale sobre los 6 mil pesos. No es de lo más barato, pero se entiende por el lugar y por la preparación.

 

Las otras opciones para comer eran lengua y pescado frito. Ahí, claro, uno puede tomar cerveza en botella de litro, como corresponde, o un vino, borgoña o navegado. De postre se podía pedir un pie de limón, que quizás no va de la mano con el entorno de peña folclórica, pero sí es lo que te servirían al ir a una casa invitado y así se entiende. Después un tecito y estamos al otro lado.

 

Ese día estaba lloviendo y no se pasaba el agua aunque uno pensara que el lugar no resistiría unas gotitas. Se puso helado eso sí, hay un fogón que no nos alcanzaba a dar calor, pero todo bien. Adornaba todo un par de shows de música en vivo que había que detenerse a mirar, puede ser por gusto, o porque el volumen no dejaba otra alternativa.

 

Mentiría si me acordara del monto de la cuenta, pero salió por sobre los 40 mil pesos en una mesa de 4 personas que comieron bien y pasaron un buen rato comiendo entre las gallinas, gallos, gatos y perros que se pasean por entre las mesas de La Quinta de los Núñez.